Han sido 34 partidos. Apenas 232 días al frente del banquillo. Xabi Alonso ya no es entrenador del Real Madrid. El balance final —24 victorias, cuatro empates y seis derrotas— no parece, a simple vista, alarmante. Pero el fútbol de élite vive de contextos, dinámicas y sensaciones. Y ahí, el diagnóstico es otro: el equipo fue de más a menos hasta desplomarse.
Del arranque casi perfecto al cambio de escenario
Hasta el 1 de noviembre, tras el partido ante el Valencia CF, el proyecto rozaba la excelencia: 17 triunfos en 20 partidos, liderato en Liga con cinco puntos de ventaja y pleno de victorias en Champions. El Real Madrid parecía sólido, reconocible y competitivo.
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Setenta y dos días después, el paisaje era radicalmente distinto. Sólo siete victorias en los últimos 14 encuentros, un 50 % de rendimiento impropio del club. Aquel Madrid que ganó 13 de sus primeros 14 partidos se diluyó. Chamartín se nubló y el optimismo dio paso a la alarma.
El punto de inflexión: una caída sostenida
El inicio del declive tuvo un nombre y un lugar: Liverpool. Aquella derrota y, sobre todo, la imagen del equipo marcaron un antes y un después. Luego llegaron tropiezos encadenados: Vallecas, Elche, Girona, el Celta, el Manchester City y, finalmente, la Supercopa.

Ese tramo hirió de muerte al proyecto. El Real Madrid pasó de encabezar la carrera a correr con flato: cuatro puntos por detrás del liderato liguero y al borde de quedar fuera del Top-8 en Champions. La dinámica era preocupante. Y no sólo por los resultados.
Más allá del marcador: fútbol, físico y vestuario
La destitución no se explica únicamente desde la estadística. En la cúpula del club se instaló la sensación de que Xabi no había dado con la tecla. Dudas sobre el manejo del vestuario, cuestionamientos al trabajo físico y una idea que se repetía en los despachos: al equipo no le alcanzaba ni siquiera con máxima actitud.
La noche ante el City fue reveladora. No sólo se perdió; se confirmó que el proyecto no funcionaba. La paciencia quedó al límite. El técnico quedó pendiendo de un hilo, salvable sólo con una carambola: ganar los tres partidos de 2025… y convencer. Ganó, pero no convenció. Desde entonces, la espada de Damocles ya no se movió. Hasta caer en Yeda. Punto final.
En el fondo, la decisión responde a un principio histórico: el ADN del Real Madrid. La exigencia es innegociable y está por encima de nombres, trayectorias o promesas. El club no entiende de procesos largos cuando el rendimiento se resiente. Tal vez sea sinónimo de impaciencia; tal vez cierre caminos alternativos. Pero también es la fórmula que ha llevado al Madrid al Olimpo del fútbol.
¿Fue Xabi Alonso… al 100 %?
El Madrid de Xabi Alonso no funcionó y Xabi Alonso salió. Así operan las normas del fútbol: el capitán es el primero en abandonar el barco cuando asoman síntomas de naufragio. No es el único responsable, pero sí el principal rostro del proyecto.
Sobrevuela, además, una duda incómoda: ¿fue Xabi Xabi hasta el final? Con el paso de los meses aparecieron divergencias. La presión alta y agresiva del inicio —vista incluso en la gira por Estados Unidos— fue perdiendo intensidad. Decisiones tácticas generaron ruido: cambios de rol para Vinícius Júnior, Federico Valverde como lateral, el vaivén de Rodrygo entre bandas o el progresivo ostracismo de Gonzalo, su gran apuesta inicial.
“Si meo con la mía”, que diría Pep Guardiola, es una pregunta que quedó flotando.
El día después… de Ancelotti
Su llegada fue apresurada. El 25 de mayo se anunció su fichaje, apenas un día después del último partido de Carlo Ancelotti. El Mundial de Clubes, con un botín cercano a 140 millones de euros, apremiaba. El 9 de junio fue su primer día en Valdebebas, a las 7:30 a. m. “Vengo ya para adelantar procesos”, dijo entonces. Dudó si asumir el reto tan pronto, pero lo hizo.
La aventura comenzó bien. Incluso el tropiezo ante el Paris Saint-Germain quedó marcado por errores individuales más que por un naufragio colectivo. Pero el tiempo pasó, las ideas dejaron de calar y el “a muerte” del vestuario llegó demasiado tarde.
En enero, el club sintió que el equipo no estaba bien físicamente, que la dinámica era insostenible y que no había margen para esperar. 232 días, 34 partidos, apenas el 20 % del contrato. Hasta este 12 de enero llegó el proyecto.
Xabi Alonso ya no es entrenador del Real Madrid. Destituido. Empieza otra etapa. Llega Arbeloa. En Chamartín, como siempre, la exigencia no espera.


