Mientras su familia justifica maniobras para reducir su pena, el asesino de Nancy Mestre anuncia un libro desde la cárcel. La justicia ratifica que deberá cumplir su condena sin los beneficios que pretendía su defensa.
En un nuevo capítulo que insulta la memoria de Nancy Mestre y el dolor de su familia, el entorno de Jaime Saade Cormane rompió el silencio no para pedir perdón, sino para intentar legitimar lo que a todas luces parece una estrategia de impunidad. Tras confirmarse que el Tribunal Superior de Valledupar negó la solicitud de prescripción de la pena, la familia del condenado salió en su defensa asegurando que no han actuado con «mala fe» y denunciando una supuesta «campaña mediática» en su contra.
Resulta paradójico que quien burló a la justicia colombiana durante más de dos décadas, viviendo bajo una identidad falsa en Brasil y alterando su apariencia para no ser descubierto, se sienta hoy «víctima» del sistema. Saade, quien fue capturado en 2020 tras años de paciente rastreo por parte de Martín Mestre, padre de la víctima, pretende ahora que su tiempo de reclusión en Brasil se le compute como un favor jurídico, buscando reducir a su mínima expresión una condena que ya de por sí ha sido recortada.
De los 27 años al beneficio de los 16
El historial judicial de Saade es una cadena de rebajas: de los 27 años impuestos inicialmente en 1996 por el brutal asesinato y violación de la estudiante del colegio Marymount, la pena bajó a 24. Luego, tras su extradición en 2024, el Juzgado Primero de Ejecución de Penas de Barranquilla determinó que solo pagaría 16 años, argumentando que el tratado con Brasil impedía ejecutar la sanción por acceso carnal violento.
No satisfechos con esta notable reducción, su defensa intentó que la pena se declarara prescrita, debate que el Tribunal de Valledupar zanjó recientemente al ratificar que el asesino debe cumplir su tiempo en prisión.
Un libro: ¿verdad o justificación?
La indignación ciudadana ha crecido tras el anuncio de que Saade está escribiendo un libro para relatar «su versión» de lo ocurrido la madrugada del 1 de enero de 1994. Resulta ofensivo para la sociedad barranquillera que un hombre que huyó cobardemente, dejando a una joven de 18 años con un impacto de bala en la cabeza y evidencias de abuso sexual, pretenda ahora lucrarse o limpiar su imagen con un relato literario desde su celda en La Tramacúa.
Saade no solo le arrebató la vida a Nancy Mestre, sino que permitió que su familia viviera en la incertidumbre durante 26 años mientras él rehacía su vida en el extranjero. Su reciente traslado a una cárcel de máxima seguridad en Valledupar, tras haber sido sorprendido en una cita médica sin vigilancia del INPEC en abril de 2025, demuestra que su intención de burlar las reglas sigue intacta.
El caso de Nancy Mestre no es una «cuestión jurídica compleja» como alega su familia; es el retrato de un feminicidio que marcó a una ciudad y el de un criminal que, a pesar de sus disfraces y nombres falsos, no ha podido escapar al peso de la verdad. La justicia ha hablado, y aunque el asesino intente posar como perseguido, la única víctima real sigue siendo Nancy y su familia, que esperó un cuarto de siglo para ver al responsable tras las rejas.


