La crisis deportiva del Deportivo Independiente Medellín (DIM) escaló este jueves a un nivel de orden público. El esperado duelo ante Flamengo por la cuarta fecha del Grupo A de la Copa Libertadores fue interrumpido apenas al minuto cuatro, luego de que incidentes violentos en las tribunas del Estadio Atanasio Girardot obligaran a los equipos a retirarse del campo.

Crónica del caos
La tensión estalló en la tribuna norte, donde sectores de la hinchada local —quienes protestan por la reciente eliminación del equipo en la liga colombiana— lanzaron pirotecnia de forma masiva. La humareda resultante anuló la visibilidad en la cancha, pero la situación empeoró cuando los manifestantes arrojaron objetos e intentaron invadir el terreno de juego.
Ante la evidente falta de garantías, el árbitro venezolano Jesús Valenzuela suspendió el encuentro y envió a los jugadores a los vestuarios.
Flamengo reclama la victoria en los despachos
Mientras la Conmebol mantiene silencio oficial, el club brasileño ya fijó una postura contundente. José Boto, director deportivo del Flamengo, ofreció declaraciones a Flamengo TV en las que dejó claro que no están dispuestos a reprogramar el partido sin consecuencias.
“Entendemos que no podemos salir perjudicados después de que Medellín no lograra garantizar la seguridad para organizar el partido”, afirmó Boto, subrayando que el Rubro-Negro buscará quedarse con los tres puntos por la vía administrativa.
Escenario de incertidumbre
El incidente deja al DIM en una posición delicada, no solo por el divorcio total con su afición, sino por las posibles sanciones económicas y deportivas que podría imponer la Conmebol. Por ahora, el fútbol queda en segundo plano a la espera de un fallo oficial sobre el destino de este encuentro.



