El mundo de la música tropical está de luto tras confirmarse el fallecimiento del cantante puertorriqueño Sammy Marrero a los 84 años de edad. La noticia fue dada a conocer este domingo por su hija, Jennissa Marrero Morales, a través de un emotivo mensaje en sus redes sociales.
«Papi fue mucho más que un gran cantante y una voz querida por el público; fue un ser humano excepcional, un padre amoroso, abuelo, familiar y amigo inolvidable», expresó su hija, quien además agradeció las muestras de apoyo y oraciones recibidas por parte de los fanáticos del género.
Cuatro décadas de historia con Raphy Leavitt
Nacido el 16 de febrero de 1942 en el barrio El Cerro de Coamo, Marrero consolidó su nombre en la historia de la música caribeña al ser la voz principal durante 44 años consecutivos de la orquesta La Selecta. La agrupación, fundada y dirigida por el legendario pianista Raphy Leavitt, es catalogada como una de las instituciones más influyentes y de mayor arraigo social en la salsa puertorriqueña.
Tras la muerte de Leavitt en el año 2015, el vocalista continuó su trayectoria sobre los escenarios gracias a una nueva propuesta musical estructurada por los músicos Armando Haddock y Edgard Nevárez, la cual le permitió seguir deleitando a sus seguidores y mantener vivo el sonido característico que lo hizo famoso a nivel internacional.
Orgullo de su tierra natal
La partida del intérprete generó inmediatas reacciones en el ámbito cultural e institucional de la isla de Puerto Rico. Juan Carlos García, alcalde de Coamo —municipio de la zona montañosa del sur donde el artista dio sus primeros pasos antes de trasladarse con su familia al barrio Pájaros Puertorriqueños en Bayamón—, lamentó profundamente el deceso del ciudadano distinguido.
«Hoy Coamo pierde a uno de sus hijos más distinguidos y Puerto Rico despide a una de las voces más emblemáticas de nuestra música tropical», subrayó el mandatario local en un comunicado de prensa. Por su parte, la Fundación Nacional para la Cultura Popular se unió a los mensajes de condolencias, definiendo a Marrero como «un hombre sencillo, de familia humilde, con un sentido de responsabilidad y lealtad intachables», cuyo legado artístico quedará grabado de forma permanente en las páginas de la cultura popular boricua.


