Lo que debía ser una fiesta de inclusión y reconocimiento para el talento local en Malambo se ha transformado en un monumento a la improvisación —o peor aún— a la exclusión dirigida. La reciente «convocatoria» del Instituto Municipal de Cultura para eventos de gran calado como la Semana Santa, el Día de la Municipalidad y el Día Internacional de la Danza, ha dejado a la comunidad artística con una mezcla de indignación y desconcierto.
Una cronología del absurdo
El pasado miércoles 25 de marzo, el Instituto publicó con bombos y platillos en su cuenta de Instagram una invitación para que artistas y gestores se sumaran a la agenda cultural de 2026. Sin embargo, el entusiasmo de los aspirantes se desvaneció al escanear el código QR adjunto: el enlace no conducía a un formulario de inscripción, sino a un acta de cierre fechada el 20 de marzo.
Es decir, el Instituto invitó a la ciudadanía a participar en un proceso que ya llevaba cinco días clausurado.
El beneficio de la «propuesta única»
Resulta difícil ignorar el tufo de irregularidad que desprende este cronograma. Según el acta firmada por el director Adalberto Peralta Suárez, el proceso competitivo ESAL CONV-IMC-001-2026 se cerró a las 24:00 horas del 20 de marzo con un balance tan previsible como cuestionable: una única propuesta recibida, perteneciente a la Fundación César Miranda Pérez.
¿Cómo puede una convocatoria considerarse «pública» si los términos y plazos se dan a conocer solo después de que el tiempo ha expirado? La respuesta de la administración, limitándose a decir que «no se registraron otras propuestas», no solo es cínica, sino que insulta la inteligencia de los gestores culturales que, como muchos usuarios, exigían en redes sociales una explicación coherente y un acceso real a la información.

Cultura bajo sospecha
Este episodio no es un simple error de Community Manager; es una falla sistémica en la gestión de lo público. Al publicar una convocatoria extemporánea, el Instituto Municipal de Cultura de Malambo no solo vulnera los principios de transparencia y selección objetiva, sino que asfixia el ecosistema artístico del municipio para favorecer, aparentemente, a un solo actor.
La cultura no puede ser un botín de gestión cerrada. Si la Alcaldía de Malambo y su Instituto de Cultura pretenden que la «cultura viva», deben empezar por resucitar la ética en sus procesos de contratación. De lo contrario, la Semana Santa y el Día de la Municipalidad no serán celebraciones del pueblo, sino eventos privados financiados con recursos públicos bajo la fachada de una falsa participación ciudadana.


