El presidente electo de Colombia, Abelardo De La Espriella, anunció que no asistirá a la ceremonia de posesión de la futura mandataria de Perú, Keiko Fujimori, programada para el próximo 28 de julio en Lima. En su lugar, el próximo mandatario enviará una delegación de alto nivel liderada por el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo.
Delegación de alto nivel y razones de la ausencia
La comitiva colombiana que viajará a territorio peruano estará integrada también por el canciller designado, Omar Bula Escobar, y el futuro ministro de Comercio, Industria y Turismo, Mauricio Gómez Amín.
A través de un comunicado oficial, De La Espriella explicó que su decisión responde al cumplimiento de una de sus promesas centrales de campaña, la cual consiste en realizar únicamente los viajes internacionales que resulten estrictamente indispensables. El mandatario electo permanecerá en el país para avanzar en los «empalmes territoriales», consistentes en reuniones con gobernadores, alcaldes y comunidades locales para coordinar el inicio de su gobierno el próximo 7 de agosto. El comunicado enfatizó que el envío de esta delegación ratifica la importancia estratégica de la relación bilateral y la voluntad de fortalecer los vínculos diplomáticos, comerciales y de cooperación en la región.
Giro en la política exterior con Perú
La decisión del presidente electo se da pocas semanas después del triunfo de Keiko Fujimori en los comicios presidenciales de Perú, un resultado que el propio De La Espriella celebró tras haber manifestado su respaldo público a la candidata del partido Fuerza Popular durante la contienda electoral.
La afinidad entre ambos líderes marca un giro radical en las relaciones exteriores de Colombia con el país vecino. Durante los últimos años, el gobierno del presidente saliente, Gustavo Petro, mantuvo una tensa relación con la administración de Dina Boluarte (2022-2025), originada por la destitución y detención del expresidente peruano Pedro Castillo en diciembre de 2022. Petro cuestionó reiteradamente el proceso judicial contra Castillo, tildándolo de ruptura democrática, lo que provocó el rechazo de Lima por interferencia en asuntos internos, el retiro mutuo de embajadores en 2023 y el consecuente enfriamiento de la agenda bilateral.


