En medio de las celebraciones de Semana Santa en la capital del Cauca, la senadora y candidata presidencial por el Centro Democrático, Paloma Valencia, lanzó fuertes declaraciones que sacuden el panorama de alianzas políticas de cara a las elecciones presidenciales de 2026. Valencia calificó como «imposible» cualquier integración de Roy Barreras a su proyecto político y negó tajantemente estar en conversaciones con la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López.
«Campaña de manos limpias»
Desde Popayán, la candidata fue enfática al marcar una línea ética y política frente a figuras tradicionales. Valencia se refirió a Roy Barreras como un «escudero de escándalos» y criticó su trayectoria de constantes cambios de partido.
«Es imposible que nosotros sumemos con Roy Barreras. Una persona que ha pasado de partido en partido y que ha sido el escudero de tanto escándalo no puede estar aquí. Esta es una campaña de manos limpias y esa es nuestra premisa».
Estas afirmaciones responden a recientes rumores y especulaciones sobre posibles reacomodos en las fuerzas de derecha y centro. Por su parte, Barreras también ha negado acercamientos, argumentando una total incompatibilidad ideológica con el Centro Democrático y lanzando críticas hacia la colectividad.
Distancia con Claudia López
Valencia aprovechó su agenda en el Cauca para desmentir versiones que sugerían diálogos con Claudia López. «Claudia López jamás ha estado aquí ni creo que le interese estar. Tenemos el mayor respeto por ella, pero no tenemos ninguna conversación», afirmó la senadora, buscando despejar dudas sobre una posible coalición con sectores del centro.
Contexto electoral
La candidata, quien recientemente se impuso en la consulta interna de su partido, se encuentra recorriendo diversas regiones del país. En su visita a Popayán, ha estado acompañada por figuras como el exdirector del DANE, Juan Daniel Oviedo, reforzando su imagen de cara a la primera vuelta y consolidando el respaldo de su partido frente a las tensiones con otros sectores de la oposición.
Este endurecimiento del discurso sugiere una estrategia de «vetos personales» y coherencia ideológica, en una contienda marcada por la fragmentación y el desafío de consolidar bloques sólidos antes de las urnas.


